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Títeres, gigantes, cabezudos

Hemos estado entretenidos unos días con la farsa sobre si unos titiriteros enaltecen el terrorismo al manejar un muñeco de trapo que representa a un policía corrupto, el cual incrimina a una víctima, también de trapo, mediante la colocación de una pancarta que asocie a la víctima con el terrorismo.

Linchamiento de Judas en Ciudad de México, 1909. George Grantham Bain collection

Linchamiento de Judas en Ciudad de México, 1909. George Grantham Bain collection

Para los propósitos de este blog, el caso me trae dos cosas a la memoria. Leer Más…

Casi todo cambia

Un corte publicitario de 2004 al gusto de este blog, rescatado gracias a Youtube:

Manifestante anónimo y voto secreto

La propuesta que están estudiando la policía y el gobierno de convertir en delito manifestarse con la cara tapada no es simplemente una reedición de las prohibiciones de embozarse  de los tiempos de Esquilache.

Al igual que en 1766, la idea parece tener sentido. Los manifestantes de hoy, ejerciendo un derecho de ciudadanía, no deberían sentir ningún miedo a aparecer en público, ser vistos, ser reconocidos. ¿Y si no fuera así? Leer Más…

Prevenir la confraternización

“Quien escapa a la policía escapa a la historia”. Desde los trabajos de Richard Cobb desde finales de la década de 1960, las fuentes policiales, es decir, los listados detenciones, las notas sobre rumores inquietantes y posibles amenazas al orden público, las transcripciones de interrogatorios y los informes a las autoridades han sido una de las principales fuentes con las que los historiadores han podido saber algo más de las clases populares del pasado. Desde su constitución durante el largo siglo XVIII las organizaciones de policía ha recogido información sobre la gente común, es decir,  la que no escribía memorias, ni cartas ni tratados, la que no se expresaba en la prensa ni tenía voz propia en otros ámbitos que dejasen registro escrito. Leer Más…

Momentos de la reflexión antidisturbios, II

Durante el motín de Esquilache, en 1766, una de las reivindicaciones que los madrileños movilizados presentaron al rey fue la disolución de la Guardia Walona, una tropa en la primera línea del control del orden público en la villa y corte. Según el historiador Antonio Domínguez Ortiz, esta guardia:

en un principio se compuso efectivamente de walones, es decir, de flamencos católicos; pero ya en la segunda mitad del Siglo XVIII la integraban en su gran mayoría franceses, con algunos alemanes, muchos de ellos desertores y ex-presidiarios […] su reputación era pésima. Para restablecer el orden en unas fiestas reales disparó sobre la multitud ocasionando muchas víctimas inocentes; de aquí la saña con que los atacó el pueblo y su exigencia de que fueran disueltos, primero concedida y después revocada por Carlos III” (A. Domínguez Ortiz, Sociedad y Estado en el siglo XVIII español, p. 308.)

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Provocaciones policiales

Como todas las historias de conspiraciones, manipulaciones y causalidades ocultas, la provocación policial fascina. ¿Qué se sabe de cierto sobre ella? Es conocido el uso de provocadores policiales contra movimientos políticos  –contra los republicanos franceses y los revolucionarios rusos en el siglo XIX, o contra el el Ku-Kux-Klan y los Black Panthers en los Estados Unidos de la década de 1970- pero en el caso de la provocación de violencias en manifestaciones, a pesar de las numerosas sospechas, la evidencia es más escasa. Leer Más…

Recién publicado: “Sin efusión de sangre”

La preocupación por la no letalidad de las operaciones de policía tiene una larga historia acorde con una lógica propia, asociada al carácter problemático de la legitimidad del uso de la fuerza en el control interno de las poblaciones, incluso cuando un mandato democrático respalda a los gobernantes y a las leyes. En el siglo XIX, en casi toda Europa se usaban procedimientos militares para combatir las movilizaciones populares y eran frecuentes los muertos. En contraste, las autoridades de Gran Bretaña fueron pioneras, a partir de 1829, en armar a su nueva policía con bastones y diseñar técnicas no letales para dispersar multitudes, buscando fórmulas de aplicación proporcionada de la fuerza que son antecesoras de las modernas panoplias antidisturbios: las cargas a bastonazos, los gases lacrimógenos y las coreografías disuasivas […]

Más en Diego Palacios Cerezales “Sin efusión de sangre. Protesta, policía y costes de la represión” en MJ Funes ed. A propósito de Tilly. Conflicto Poder y acción colectiva. CIS, Madrid, 2012.