Portugal hace 40 años. “…no hace falta pegar al pueblo”

Varios amigos se extrañan que no publique nada por el aniversario de la revolución de los Claveles. A falta de nada nuevo que contar, dejo aquí el inicio del capítulo sobre el 25 de Abril de mi libro A Culatazos.

Revolución y democracia: “…no hace falta pegar al pueblo”

El 25 de abril de 1974, una coalición de capitanes derrocaba al gobierno de Marcelo Caetano, en un golpe de Estado incruento. Tras trece años de guerra colonial en tres frentes africanos, los capitanes reconocían que no había salida militar posible y que, ante la inmovilidad del gobierno, la solución política implicaba un cambio de régimen. Durante el mismo día del golpe se desencadenó una entusiasta movilización popular que dio vida a la imagen internacional de la revolución de los claveles, con los soldados aclamados en las calles y una expresión de alegría por la “liberación”.

Los capitanes se presentaron como el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA). Durante las semanas anteriores al golpe, el grupo más politizado en el seno del MFA había conseguido aprobar un programa para el movimiento, que hablaba de democratizar y desarrollar el país, y de descolonizar África. No obstante, la cohesión del grupo de capitanes no era ideológica, sino que provenía de la camaradería de los años formativos en la academia militar y de la experiencia de la guerra. Con el esfuerzo de guerra, las fuerzas armadas portuguesas habían crecido hasta contar con más de 150.000 soldados y 25.000 oficiales en 1974, la mayor parte de ellos destinados en las colonias. De esos oficiales, unos 5.250 eran profesionales, mientras el resto servían como oficiales de complemento [milicianos]. El MFA carecía inicialmente de una estructura formal; lo componían unos 400 oficiales de rango intermedio y nunca fueron una mayoría en el seno de las fuerzas armadas. Es importante tenerlo en cuenta para entender las formas y los efectos de su acción durante los dos años siguientes[1].

Algunos oficiales del MFA, como Vasco Gonçalves –que fue primer ministro entre julio de 1974 y septiembre de 1975– ya habían participado en la política de oposición a la dictadura, pero la mayor parte de ellos se politizó durante la conspiración y, sobre todo, durante la lucha por la definición del significado de su revolución en los meses siguientes al golpe. No hubo participación significativa de civiles en la organización del golpe ni, para el desarrollo de la operación, los militares que sitiaban los centros de poder del gobierno contaban de antemano con la reacción de la población. Constituyó una sorpresa el apoyo popular, las calles llenas de gente vitoreándolos[2].

La Compañía Móvil de la PSP había tomado posiciones en Lisboa, pero pronto comprobó que no tenía posibilidades en un enfrentamiento directo con las fuerzas armadas. Por miedo, convicción o, como suele suceder en los golpes de Estado, por falta de compromiso con las autoridades ante la incertidumbre del desenlace, no hubo resistencia policial.

“Un hecho sobresalía: quizá nunca se había notado una tan grande ausencia de agentes de la PSP en las calles”, señalaba el semanario Expresso. En este escenario revuelto y sin fuerzas represivas, la gente de la oposición comenzó a participar en la revolución. Grupos de civiles asaltaron las instituciones de la dictadura en muchas localidades. La policía política, concentrada en su sede de Lisboa, se resistió al asalto de la multitud, quizá por miedo a ser linchada, y disparó contra la gente que rodeaba el edificio, matando a cuatro personas. Finalmente, los agentes de la PIDE/DGS fueron detenidos por fuerzas militares y se dio orden de prisión preventiva para sus miembros. En varios lugares hubo escenas de gente reconociendo a agentes de la PIDE y persiguiéndolos o maltratándolos antes de entregarlos a las autoridades militares.

El programa del MFA hablaba de “reorganizar y depurar las Fuerzas Armadas y Militarizadas, GNR, PSP, Guarda Fiscal, etc.”. Anteriormente, al elaborar su cuaderno de agravios contra la dictadura, los capitanes habían recopilado un dossier sobre las agresiones de la PSP a oficiales del Ejército, y también sobre las intervenciones represivas de la policía de choque, recalcando así el supuesto carácter fascista de la policía y predisponiendo al MFA contra ella[3].

Con el golpe del 25 de abril comenzaba una nueva y agitada etapa de la vida política y social portuguesa, que traería la democracia y la descolonización. Hasta la formación del primer gobierno constitucional, en mayo de 1976, se sucedieron seis gobiernos provisionales y hubo numerosas crisis y varios intentos de golpe de Estado. Como analizaremos en las próximas páginas, uno de los elementos que explican la agitación social de aquellos dos años fue la oportunidad política para la movilización abierta por la desestructuración del sistema de orden público.

[1] Carrilho (1985: 440-465); Rezola (2007: 27-33).

[2] Graham (1979).

[3] Almeida (1977: 64).

 

El resto del libro, aquí

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