¿35 muertos por pelotas de goma?

Las pelotas de goma está en la picota. La retahila de mutilados sin ojo, o con otras lesiones graves, sumada a la muerte de Iñigo Cabacas (2012), han despertado preocupación. ¿Son excesivamente peligrosas? ¿Se han usado de forma imprudente? ¿Los policías las han banalizado y desprecian los protocolos?

Los Mossos, la Policía Nacional y la Ertzaintza están analizando su adecuación, la posibilidad de sustituirlas por otro material y, en su caso, cambiar incluso la dinámica de las actuaciones, pues este material se integra en un modelo de dispositivo, de intervención, en un estilo.

Antes de tomar decisiones, resulta urgente contar con información de la mejor calidad. La asociación Stop bales de Goma ha recopilado casos y documentación para argumentar por su abolición. Resultaría útil que desde las policías se ofreciera información clara sobre las circunstancias de los resultados más tristes, para poder valorarlo y colocarlo en un contexto más amplio ¿Por qué es la policía catalana la que parece mutilar a más manifestantes?

En este contexto, sorprendió la intervención parlamentaria del diputado Emilio Olabarría, del PNV, el 27 de febrero de este año, en la que afirmaba que en España, desde 1980 serían 35 las muertes causadas por pelotazos de goma. De ser ciertos estos números -o incluso la mitad- la balanza se desequilibraría sin duda hacia la erradicación.

Esta es la intervención en el congreso:

Tiene la palabra el señor Olabarría.  El señor OLABARRÍA MUÑOZ: Como intuía por qué derroteros iba a decurrir el debate, he venido armado, en el sentido más parlamentario y etimológico de la palabra. No ha muerto solo el señor Cabacas, señor Sixto. Le voy a hacer la relación de las muertes producidas por disparos de balas de goma. Bajo el mandato del señor Rosón, ministro del Interior con UCD, gobernando el partido de Unión de Centro Democrático, hubo quince muertos por esta circunstancia, judicializados. Bajo el mandato del señor Barrionuevo seis muertos, judicializados. Sobre el señor Barrionuevo me va a permitir que no haga una glosa de otras actuaciones de este ministro del Partido Socialista durante el decurrir de su mandato. Bajo el mandato del señor Corcuera doce muertos por pelotas de goma. No sé si de ese tamaño, de un tamaño inferior o de un tamaño análogo, o de una dimensión o configuración parecida o diferente. Doce muertos judicializados con el señor Corcuera. Bajo el mandato del señor Alonso —al que usted y yo hemos conocido personalmente— un muerto, que no se apellidaba Cabacas, aunque me parece repugnante que haya muerto una persona como Cabacas por esta circunstancia. Bajo el mandato del señor Rubalcaba, también un ministro del Partido Socialista Obrero Español, otro muerto por el uso de pelotas de goma. Bajo el mandato del señor Belloch, también ministro del Interior, ningún muerto por el uso, por el buen uso seguramente, de las pelotas de goma. De hecho no era el señor Belloch formalmente el ministro del Interior, materialmente era ministra del Interior, doña Margarita Robles. En Euskadi, y con relación al señor Cabacas al que usted se ha referido, bajo el mandato del lehendakari del Partido Socialista de Euskadi, Patxi López, un muerto, el señor Cabacas precisamente. Por otras razones, en el ámbito de la disolución de manifestaciones violentas, ha habido treinta y nueve muertos no por pelotas de goma, sino por otro tipo de actuaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, desde acciones violentas utilizando los mecanismos de defensa de estas fuerzas, hasta en alguno casos el uso no de balas de goma como las que nos ha mostrado a efectos ilustrativos nuestro compañero socialista, sino por balas de plomo, balas que normalmente se usan en los fusiles y armamentos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Con lo cual nos encontramos con una patología que nos parece que se debe estudiar, y si el pedimento de su iniciativa —creo que he entendido bien al señor Corcuera— es estudiar cuáles son los medios que deben utilizar las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y las Policías integrales autonómicas deben ser objeto de una reconsideración parlamentaria, me parece bien, me parece un pedimento razonable. ¿Por qué? Porque están produciendo muchas muertes y se ve que no hay un elemento de proporcionalidad, que sería el elemento a utilizar aquí entre los mecanismos y las actividades que deben ser objeto de disolución, de represión, de reprensión, etcétera; utilícese la expresión que se quiera. También le puedo citar los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad así como de las Policías integrales de ámbito autonómico que han muerto, y no por balas de goma, sino por piedras y otros procedimientos usados por los manifestantes, algunos de ellos de distinta identidad ideológica, pero todos del ámbito extraparlamentario y todos vinculados a posiciones políticas e ideológicas que podríamos —por usar una expresión aglutinadora— considerar nihilistas —siendo generoso en el uso de la expresión—, pero de un nihilismo violento. Desde esa perspectiva, estudiar me parece bien, pero estudiar una problemática compleja de seguridad ciudadana vinculándola a un hecho, a una circunstancia, a una muerte solo, me parece maniqueo, y solo por evitar el maniqueísmo —que me parece la mayor perversión parlamentaria  que hay— y solo por entender que existe un problema político que debemos atender, vamos a votar, aunque con muchas reservas —y cuanto más observo determinados elementos de ilustración pretendidos que veo en el pupitre que me adelanta, con menos convicción—, favorablemente a esta iniciativa parlamentaria. (Diario de Sesiones de la Cámara de los diputados, Núm. 266 27 de febrero de 2013 Pág. 24)

Los números que cita Olabarría quintuplican los manejados por cualquier asociación o estudioso de  casos de policía. He llamado varias veces a su gabinete en el congreso, le he escrito pidiendo contrastar su información, pero no hay manera. Han pasado dos meses largos desde que le escribí por vez primera y, pese a las palabras amables de sus asistentes, no consigo que me responda. En intervención dice que los casos están “judicializados”, lo que otorga verosimilitud formal a lo que dice. Pero no consigo saber más. ¿Son números ciertos, que obligan a replantear completamente el uso de las pelotas de goma? ¿O un becario confundió una lista de muertos en manifestaciones y detenciones con muertos por pelotas de goma? Así no hay manera.

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