Leer la cartilla

“Te voy a leer la Ley de motines”, [I‘m going to read you the Riot Act] puede decirle un padre anglófono a su hijo rebelde. Esa expresión coloquial se usa para amonestar a alguien, para pedirle que abandone un comportamiento negativo. El uso es próximo al que hacemos español cuando decimos “te voy a leer la cartilla”.

En el mundo anglosajón, un instrumento jurídico para el control del orden público entró en el habla popular. ¿Podría ser que “la cartilla” de “te voy a leer la cartilla” se refiera a la Cartilla del Guardia Civil, ese manual de bolsillo que todos los guardias llevaron encima durante sus rondas y patrullas durante más de medio siglo?

Cartilla del Guardia Civil

La  Inspección General del Cuerpo aprobó la Cartilla del Guardia Civil en 1852, ocho años después de que hubiera comenzado el despliegue de los guardias por el territorio:

Forma ésta un volumen de 210 páginas en 16º, muy cómodo para llevarlo siempre consigo y que todos los guardias tenían. Las materias que contiene se hallan divididas en cuatro partes, organizadas por sus correspondientes epígrafes, que abarcan desde las obligaciones, servicio los caminos, contrabando, protección de personas y propiedades, uso de armas, licencias de caza y pesca, conducción de presos, obligaciones de los comandantes de puesto, formularios, reglamento militar y reglamento para el servicio. Con una explicación del sistema métrico decimal y un tratadito de las enfermedades del caballo y el modo de curarlas.
A esta publicación probablemente algo debe el trato uniforme profesionalizado del instituto armado en el desempeño de sus funciones, que junto con la casa-cuartel, la vigilancia en parejas y su uniforme contribuyeron a forjar una imagen del mismo estrechamente ligada a la presencia del Estado en todo el territorio nacional. (MORAL RUIZ, J. D., PRO RUIZ, J. & SUÁREZ BILBAO, F. 2007. ‘Estado y territorio en España 1820-1930: la formación del paisaje nacional’, Madrid, Los Libros de la Catarata. pp. 197-198)

Resulta tentador imaginar a una pareja de guardias civiles leyendo pausadamente las disposiciones sobre caza y pesca de la Cartilla a un paisano que se hace pasar por tonto, en cualquier lugar recóndito de la España de 1860 –tras haberle sorprendido por enésima vez poniendo trampas en terrenos vedados

Sin embargo, este vuelo de la imaginación es falso. La expresión “leer la cartilla”, con ese mismo sentido de amonestar, es muy anterior a la propia existencia de la Guardia Civil. Un Diccionario de voces, frases y modos de hablar de 1729 ya contemplaba esta locución:

Leer la cartilla à alguno Es advertirle lo que ha de hacer para otra vez en algún negocio reprehendiéndole claramente en lo que faltó à su deber y estaba à su cuidado

Diccionario de la lengua Castellana de voces, frases y modos de hablar, Madrid, 1729, compuesto por la Real Academia Española

Así que mi gozo en un pozo. Pero por seguir con las frases hechas, se non è vero, è ben trovato.

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