El Riot Act de 1715 – Intimaciones a la dispersión II

Nuestro Señor soberano El Rey ordena y manda a todas las personas reunidas que inmediatamente se dispersen, y se dirijan pacíficamente a sus residencias, o a sus ocupaciones legales, bajo pena de padecer lo contenido en la ley del primer año del Rey Jorge, para la prevención de motines y asambleas tumultuosas. Dios salve al Rey.

Así rezaba la proclama que, desde 1715, se tenía que leer en Gran Bretaña antes de una operación de dispersión de multitudes. Tras la lectura del texto en voz alta “tan cerca de las dichas personas como sea seguro” la multitud contaba con una hora para dispersarse. Pasada esa hora, los reunidos serían considerados delincuentes (felons) y, aparte de poder ser capturados y llevados a tribunal, se podía usar la fuerza para dispersarlos:

Y si las personas así ilegal, tumultuaria y amotinadamente reunidas, o una parte de ellas, resultaran muertas, inválidas o heridas, durante el intento de dispersarlas o capturarlas, todo juez de paz,  sheriff, delegado del sheriff, agente de justicia de o cualquier otro oficial para el mantenimiento de la paz, o personas singulares que estuvieran auxiliándoles, quedarán dispensados […] de acusación de asesinato, provocar invalidez, o dañar, a cualquiera de esas personas así ilegal, tumultuaria y amotinadamente reunidas, que pueda suceder que sufrieran muerte, invalidez o daños, como hemos dicho

Es probable que este Riot Act [ley de motines] sea el primer protocolo codificado sobre las condiciones para el uso de la fuerza en situaciones de “amenaza a la paz pública”. Hay que señalar que el riot act se utilizaba para situaciones en las que una muchedumbre estaba reunida y, por sus actitudes o motivos, se valorara que podrían amenazar la integridad de alguien, forzar un comportamiento, o recurrir a la violencia abierta. El protocolo hacía obligatoria una intimación previa, dejaba una hora para que la intimación se cumpliera (a menos que la multitud rompiera hostilidades) y permitía, tras esa hora, que los que usaran la fuerza para dispersar a la multitud no pudieran ser acusados de asesinato.

A falta de rescatar otros textos de la época, parecería que la reflexión sobre las dificultades jurídicas y políticas que alberga un ataque físico contra una ciudadanía ‘rebelde-pero-no-tanto’ surgió primero en el Reino Unido del siglo XVIII. Es decir, en el contexto de afirmación de los derechos de ciudadanía posterior a la revolución de 1688.

En español contamos con un texto del gran Clive Emsley que explora, precisamente, el desarrollo de estos asuntos en Gran Bretaña. A nadie le extrañará que fuera yo quien le encargara ese texto, ya hace unos añitos:

Clive Emsley, 2005, “El ejército, la policía y el mantenimiento del orden público en Inglaterra (c. 1750-1950)” Política y sociedad, ISSN 1130-8001, Vol. 42, Nº 3, 2005 , págs. 15-29 [descarga automática aquí]

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  1. Leer la cartilla | Botes de humo - 10 de abril de 2013

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