“…una especie de pelotazo, pero nunca la muerte”

En una entrada anterior veíamos los orígenes del uso de pelotas de goma por las policías españolas. Aunque hasta finales de la década de 1970 no se asentaron en el repertorio represivo, eso no quiere decir que no hubiese reflexiones anteriores. La idea de disparar una munición no letal pero contundente, es decir, sin los peligros de indefensión (para la fuerza pública) que generaban los disparos de fogueo, venía de largo.

Un antecedente de las pelotas de goma entró en los arsenales de varios países durante el primer tercio del siglo XX:  la munición de madera. Estas balas se usaban para el entrenamiento de los soldados, que así se acostumbraban al fragor de la batalla en condiciones de poco peligro. Una de las variantes de la bala de madera se usaba para el tiro en galería y “aunque tenia poca penetración, podía alcanzar a un hombre a 50m”. Al parecer, esta munición se recicló en algunos lugares como “arma no letal” para el control de multitudes.

En España, a falta de que aparezcan nuevas citas, rescato ahora las reflexiones que hacía en enero de 1932  Ángel Galarza, quien que durante el semestre anterior había sido director general de seguridad republicano. Después de los casos trágicos de Castilblanco y Arnedo, y en medio de un importante debate sobre el comportamiento de la Guarda Civil ante multitudes agresivas pero desarmadas, Galarza explicaba a la prensa los planes de reforma policial por los que había estado abogando:

Otra de las cuestiones que yo había estudiado era la del armamento, que había clasificado en tres categorías: la porra, el arma corta y el arma larga.
Las primeras se debían emplear preferentemente en poblados y siempre que el acto que se tratara de reprimir fuera de los que yo calificaba de leves. Es decir, manifestaciones no autorizadas, motines sin armas, etcétera.
Las armas cortas con carga reducida y bala con ánima de madera para producir una especie de pelotazo, pero nunca la muerte, debían ser empleadas cuando en los desórdenes públicos hubiera agresiones de importancia, pero que no hicieran suponer gente armada y organizada.
Y las armas largas, incluyendo como tales ametralladoras, tanques, etc., cuando se tratara de paisanaje armado y organizado, con la finalidad no solamente de alterar el orden, sino de atacar a las instituciones.
Angel Galarza, declaraciones reproducidas en Luz, 7 de enero de 1932, p.9.

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