Gutiérrez Mellado sobre la reforma de la policía

Se están conmemorando los 100 años del nacimiento de Manuel Gutierrez Mellado y han aparecido varios artículos sobre su figura (“el sr. Gutiérrez”, en la prensa involucionista) y su papel en la transición. Aprovecho para transcribir lo que decía sobre la reforma de la policía en una larga entrevista de 1983 conducida por Jesús Picatoste:

[JP]–antes hemos hablado de los medios técnicos del Ejército. Quisiera que me hablara de las Fuerzas de Orden Público.
[MGM]–El sacrificio y patriotismo de las fuerzas de orden público ha sido y es evidente. Pero es preciso reconocer que no estaban suficientemente preparadas, y no por culpa de ellas. Carecían del material adecuado y no podían alcanzar el grado de efectividad necesario para combatir contra los terroristas. En este extremo ocurría lo mismo que en el ejército: no se comparaba con otros países. Durante estos años hubo que potenciar urgentemente todos los medios de nuestras fuerzas de orden público y acelerar la profesionalización de sus miembros, buscando el dinero donde fuese. Y, luego, el apoyo moral, porque hubo etapas en las que no era tan claro ese apoyo por parte de todos los grupos políticos. Recuerdo algunas sesiones del parlamento que me gustaría borrar por las dosis tan enormes de incomprensión hacia las fuerzas de orden público. Me alegra comprobar que se ha avanzado considerablemente, a base de esfuerzo y sensatez, en el reconocimiento de las tareas que realizan estas fuerzas. ¿Qué cometen errores? Los han cometido, los cometen y los cometerán, como cualquier ser humano. Vaya en su descargo que su misión se ha desarrollado en estos años tan difíciles, que son miles de hombres actuando en una situación muy diferente de la anterior, que posiblemente constituyan el cuerpo social para el que la transición llegó con más exigencias de cambio inmediato. No, no es bueno ensañarse en sus posibles errores. Si se equivocan gravemente por excesos en su tarea, se les aplica la ley, naturalmente. Pero no me parece justo destacar sólo los errores y callar los innumerables aciertos. En ocasiones se les ha pedido que fuesen como superhombres en serenidad, firmeza y tacto. Nos olvidamos de la tensión existente en determinadas manifestaciones, cuando era muy fácil que se perdiese la debida serenidad. ¡Nos falla la memoria! En muy poco tiempo, las fuerzas de orden público pasaron de perseguir a personas consideradas subversivas a todo lo contrario: a protegerlas como representantes del pueblo.
–Sí, claro, el cambio de mentalidad ha sido como un vuelco.
[Página. 64]–Ha sido un vuelco impresionante de un mérito extraordinario. Apenas si se escuchan ya frases descalificadoras como “las fuerzas de represión” y en varias ocasiones se les ha aplaudido espontáneamente. Quedan, inevitablemente, minorías y excepciones, en un lado y el otro, que no han evolucionado y mientras unos seguirán pensando lo de “fuerzas represivas”, los otros continuarán con lo de “señores subversivos”. En general, el avance por el camino de la comprensión ha sido casi milagroso. Para seguir avanzando sería preciso contemplar globalmente la acción de las fuerzas de seguridad del Estado no sólo en su labor antiterrorista, sería necesario pregonar el acierto y entrega con que cumplen otras misiones en beneficio de la sociedad que no tienen nada que ver con el terrorismo.
–O sea, que la agresividad, al menos verbal, respecto de las fuerzas de orden público ha desaparecido prácticamente.
–Pienso que sí. Y también las fuerzas de orden público han sabido ir adecuándose a la situación e integrarse en el contexto general. Un contexto general donde la pérdida de agresividad es evidente, incluso al enjuiciar al régimen anterior, porque se sigue hablando, como es lógico, de que fue una dictadura pero ya sin tanta pasión. Y encuentro también gente muy meritoria, gente que estuvo muchos años en la cárcel simplemente por pertenecer a un partido. Yo he conocido personalmente a un alto dirigente socialista en el que su moderación y su equidad eran admirables a pesar de haber pasado una larga temporada en la cárcel.
–Usted siempre se negó a militarizar el País Vasco, ¿verdad?
–Es sido completamente contrario a la intervención del ejército en el problema terrorista. Nosotros no podemos guiarnos por el ejemplo del ejército inglés, que está formado por profesionales. El nuestro es un ejército de reemplazo y, por tanto, no está preparado para luchar contra el terrorismo ni éste es su fin. El caso de la guardia civil es distinto, ya hay quien ha dicho que si no existiera este cuerpo, habría que crearlo. Y por ello, en esta situación de paz general, a la guardia civil le corresponde el honor y el sacrificio de situarse en primera línea, de igual forma que si se declarase un conflicto el Ejército pasaría a primera línea y ellos quedarían en un segundo escalón. Pues bien, si nosotros disponemos de las fuerzas de la guardia civil, que todos queremos y admiramos, lo que habrá que hacer es examinar si son suficientes, si cuentan con los medios precisos y reforzar su dotación. Su efectividad ha de ser lógicamente superior a la de una unidad compuesta por soldados de reemplazo sin instrucción para una lucha de esta clase. A los soldados de reemplazo se le llama para defender a la patria en otro tipo de conflictos y no para combatir contra terroristas o atracadores.
–¿Y en las líneas fronterizas?
–La intervención del ejército en las frontera o, mejor dicho, una cobertura de frontera en un momento dado puede ser interesante para liberar algunas unidades de orden público. Pero de ahí no se debe pasar.
[…] Página. 65
–entonces, es usted rotundamente partidario de la potenciación de la Guardia Civil.
–Naturalmente. Insisto en que se trata de una fuerza que debe funcionar bajo la disciplina militar aunque en tiempo de paz dependa del ministerio del interior. Si antes luchaban contra los bandoleros, ahora han de luchar contra otros fanatizados que disponen de armamento sofisticado y moderno y están perfectamente entrenados. Por ello, no se debe reparar en gastos, y así se ha venido haciendo, para modernizar la dotación de la guardia civil, de la Policía Nacional y del cuerpo superior de policía. Pero estas fuerzas necesitan, tanto o más que lo anterior, un apoyo moral entusiasta y masivo de toda la opinión pública. En este punto se ha mejorado mucho, afortunadamente, pero ha de lograrse todavía una mayor compenetración. Que los sacrificios y la abnegación de las fuerzas de seguridad se vean compensados por resultados eficaces.
–A nadie se le oculta, mi general, que a raíz del 23 F la guardia civil perdió imagen […]

página. 86:
–Sus críticos le imputan una cierta cesión en el terreno económico, que debía haber defendido con más ahínco los presupuestos para defensa…
–Tampoco me parece justificada esa crítica […] en cuanto a un hecho concreto, la baja de 5000 millones en el presupuesto de defensa, conseguí que se nos compensara la misma cantidad por otra vía. Había que aumentar los haberes de las fuerzas de orden público para alcanzar un mínimo nivel decente. Y se logró, gracias a ese aparente sacrificio de defensa.
[Página. 97]
–Tras el grave incidente producido con motivo de una manifestación ilegal en la que presuntamente figuraban miembros de los cuerpos de seguridad del Estado, fueron sustituidos los directores de la guardia civil y de la Policía Nacional. Los relevos produjeron algunas oleadas y hubo comentarios para todos los gustos. ¿Qué pasó?
–Se decidió el cese por considerar que la actuación no había sido precisamente la adecuada. Se ofreció la guardia civil al general Ibáñez Freire. Aceptó inmediatamente. No pregunto nada y recalcó que se podía contar con él para lo que hiciera falta. Ni pidió ascender y sugirió la más mínima condición. Respondió estupendamente.
–Pero a Ibáñez Freire se le ascendió a teniente general y Milans del Bosch protestó, alegando que se lo habían saltado en el escalafón.
–El ascenso era perfectamente legal. Y si se quiere, se trataba del salto de un general que había sido más antiguo anteriormente pero que por haber prestado servicios civiles en la administración le habían pasado otros compañeros más modernos.
–Un diario, considerado de extrema derecha, publicó un artículo hablando de depuración militar y de motivaciones políticas en esa designación y ascenso.
–¡Estaría bueno que el gobierno renunciara a ejercer sus facultades! A la guardia civil tenía que ir un hombre idóneo para tal puesto, con la suficiente firmeza y tacto para hacer frente a una situación difícil, y que no creará problemas ni exigencias de ningún tipo. Se pensó, por tanto, exclusivamente en el bien del servicio. Ha Ibáñez se le ascendió, aunque no era necesario, primero porque lo merecía y segundo para potenciar el cargo.
–¿Y el argumento de que ese tipo de designaciones escapan a la profesionalización del ejército?
–[… Página. 98]
el hasta entonces director de la guardia civil, general Campano, fue nombrado capitán general poco después, ¿verdad?
–Sí, algunos meses más tarde.
–Siguiendo con Ibáñez Freire, también hubo algunas críticas cuando se le designó posteriormente para la capitanía General de Cataluña.
–El tema se acordó en el Consejo de ministros.…
[… Página. 99]
–Y qué pasó con la inspección de la policía nacional?.
–Se le ofreció, en primera instancia, a un general muy prestigioso, que puso bastantes dificultades, por lo que se prescindió de él.
–¿Qué general?
–Un general que más tarde ascendería a puestos muy importantes. El cargo lo aceptó el general Timón, por el contrario, sin preguntar nada, aunque la situación, como hemos dicho, era difícil también en dicho cuerpo.
–Ahora, que ya ha pasado algún tiempo ¿considera usted que fue milimétricamente escrupuloso en todos sus nombramientos y propuestas? Sabe muy bien que su política de nombramientos es uno de los aspectos que más críticas que ha recibido en su gestión.
–Todos y cada uno de los nombramientos y propuestas se introdujeron siempre estrictamente de acuerdo con las situaciones legales. Y siempre mirando el bien del servicio. ¿Depuración? Que me lo demuestren. Nunca se dice, naturalmente, ni la más mínima parte en la cuota de responsabilidad que me correspondía. ¿Que algunos no les gustaban las designaciones y cambios de mando que se hacían? Comprendo, desde su punto de vista, que no les gustaron. El tiempo me lo ha ido confirmando después.
–¿Cómo se habría desarrollado el 23 F si su política de nombramientos y cambios de mando hubiera sido la que querían sus detractores?
–Yo no soy adivino, pero es fácil imaginarlo. […]

GUTIÉRREZ MELLADO, MANUEL (1983), Un soldado de España – Conversaciones con Jesús Picatoste, Barcelona, Argos Vergara.

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