Prevenir la confraternización

“Quien escapa a la policía escapa a la historia”. Desde los trabajos de Richard Cobb desde finales de la década de 1960, las fuentes policiales, es decir, los listados detenciones, las notas sobre rumores inquietantes y posibles amenazas al orden público, las transcripciones de interrogatorios y los informes a las autoridades han sido una de las principales fuentes con las que los historiadores han podido saber algo más de las clases populares del pasado. Desde su constitución durante el largo siglo XVIII las organizaciones de policía ha recogido información sobre la gente común, es decir,  la que no escribía memorias, ni cartas ni tratados, la que no se expresaba en la prensa ni tenía voz propia en otros ámbitos que dejasen registro escrito.

Para analizar la participación en la  vida política y los conflictos del siglo XIX el archivo policial y el judicial son fundamentales. Los historiadores han intentado, por ejemplo, saber quién participaba en las barricadas revolucionarias, atendiendo para ello a las detenciones practicadas por la policía y a los listados de muertos y heridos en las refriegas, en los que constaban habitualmente la profesión, la edad y el estado civil de los susodichos. Aunque la muestra no fuera representativa, permitía un acercamiento más sistemático que las referencias de los observadores de la época, que según fueran sus simpatías políticas se podrían referir a los participantes como  “el pueblo”, “la canalla”, “la clase obrera”. “los sectarios”…

Uno de los casos en los que estas investigaciones han sido más aclaratorias es el de las barricadas de febrero y junio de 1848 en París, que Marx analizó en Las luchas de clases en Francia. En París hubo una primera insurrección triunfante en febrero de 1848 que, según Marx, puede entenderse como el producto de la alianza entre sectores de la burguesía urbana y radical con el proletariado. De ahí nacería una república burguesa comprometida con ciertas medidas de carácter social exigidas por los aliados obreros, pero que progresivamente fue incumpliendo. Ese incumplimiento rompió la alianza de clases y a medio plazo dio lugar a una nueva insurrección, la de junio de 1848, esta vez hegemónicamente obrera y dirigida contra la república burguesa. En 1974, Charles Tilly y Lynn Hunt analizaron el registro de profesiones de los revoltosos detenidos en Junio de 1848 y encontraron una sobrerepresentación de los trabajadores de industrias en las que ya se empleaba intensivamente la mano de obra, como la construcción. Con este descubrimiento, se apresuraron a dar la razón a Marx: se trató de una insurrección proletaria.

Sin embargo, el estudio de las profesiones podía dar más de si. Diez años después, Mark Traugott, extendió el análisis de los orígenes profesionales a los reclutas de la Guardia Móvil que habían reprimido ferozmente la insurrección. De forma relativamente paradójica, descubrió una composición obrera equivalente, sólo diferenciada por una menor edad media. Con estas conclusiones se señalaba la indiferencia del “origen de clase” respecto a la toma de posición en la insurrección. De hecho, los guardias móviles habían sido reclutados sólo cuatro meses antes entre los obreros parados más jóvenes que habían participado en las barricadas de febrero.

El estudio de Traugott desplazaba el centro del análisis. Para entender la movilización no sería tan importante el origen de clase de los participantes como el encuadramiento social, las redes de movilización, la organización. Mientras que unos obreros en paro se insurreccionaron persiguiendo lo que habían definido colectivamente como sus objetivos políticos, otros de su misma condición los combatieron. En sólo cuatro meses, el dispositivo militar de encuadramiento en la Guardia Móvil había permitido separar a un grupo de jóvenes trabajadores de sus lugares de origen y de sus compañeros de trabajo y lucha, entrenarlos, encuadrarlos vitalmente y disponer de ellos como herramienta coercitiva en el momento en que lo consideraron necesario, aunque eso les supusiese practicar una violencia sistemática sobre sus viejos camaradas.

Las técnicas de encuadramiento militar habían triunfado. Los gobernantes siempre temieron que las fuerzas con las que contaban para mantener su poder confraternizaran con una población en revuelta: compartieran sus agravios, se solidarizaran con ellos. Hasta el siglo XVIII había sido habitual usar mercenarios extranjeros en las cortes, confiando en que la xenofobia fuera una barrera suficiente para prevenir la confraternización. Sin embargo, en el tránsito entre los siglos XVIII y XIX, con el uso sistemático de nuevas técnicas de separación social como la uniformización y el acuartelamiento, las organizaciones militares consiguieron desenraizar a los reclutas de sus contextos sociales y encapsularlos en un nuevo mundo cerrado, autorreferente, que dotaba de sentido a sus acciones.  Los ejércitos formados por poblaciones nativas, que Federico de Prusia había temido como “la más segura amenaza a un príncipe”, se convertían en un formidable recurso a disposición de los Estados.

Anuncios

Etiquetas: , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: