Los humos de la modernidad (y II)

Presentación de la “defensa de gas” en la revista ‘Policía Armada’, 1973.

En 1972, el mayor Baptista e Silva, de la policía de Seguridad Pública Portuguesa, visitó la Policía Armada de Madrid y se entrevistó con varias autoridades policiales. Ya había visitado la policía de París y comparaba lo que había visto en esas dos capitales con la situación de Lisboa:

Las fuerzas de Policía Armada con sede en Madrid dependen de la primera circunscripción. Se articulan  con 12 compañías de guarnición, de efectivo variable y con un total de 2562 hombres. Tiene como fuerza de intervención tres banderas móviles y un grupo de caballería, que suman cerca de 2500 hombres. Eventualmente, estos efectivos pueden reforzarse […] con seis compañías móviles de la reserva general con un efectivo de 966, y, si las circunstancias lo justificaran, por un tercio de caballería, un tercio móvil y un tercio de infantería de la Guardia Civil, cuyo efectivo se estima en 2000 hombres. Así que en Madrid pueden emplearse fácilmente, en poco tiempo, 6000 hombres de la Policía Armada y 2000 de la Guardia Civil, de los cuales, en torno a 3500 están bien entrenados y equipados para la dispersión de multitudes (Maj. Baptista e Silva, Elementos sobre o policiamento de Madrid, EPP, Lisboa)

Las unidades que más le llamaron la atención eran las recién estrenadas Compañías de Reserva General (CRG), las antecesoras de las actuales Unidades de Intervención Policial:

Son unidades de élite de constitución reciente (1971), actualmente hay seis compañías de 165 hombres, que serán aumentadas. Están perfectamente equipadas, con cascos, escudos y agresivos químicos. Sus acuartelamientos son funcionales y espaciosos, con todas las comodidades.

No es de extrañar que al visitante portugués le entraran por los ojos esas CRGs. Estas nuevas compañías suponían un salto técnico y organizativo para la Policía Armada y se convirtieron en el orgullo de la organización. En 1972, además, comenzaba una nueva época en la revista Policía Armada, ahora publicada por la Inspección del cuerpo. En los primeros números, daba la impresión de que la revista sólo hablaba de las nuevas CRG, de su dinamismo, su carácter motorizado y la modernidad de su armamento. La cosa llegó a tal punto que la propia dirección de la revista tuvo que contestar a varias críticas internas y cambiar el rumbo, reconociendo que las CRG y las misiones de control del orden público eran sólo una parte de la vida de la PA y que el resto de actividades también debían tener su reflejo (Policía Armada, 2ª época, Año 1, nº7, agosto de 1972).

Las compañías de reserva recibieron el mayor empeño presupuestario y fueron las que primero adoptaron nuevo armamento no letal: lanzadores de gases lacrimógenos y de pelotas de goma. En mayo de 1972 en la fábrica La Marañosa se realizó una demostración del nuevo armamento. Las nuevas escopetas RUDO podían “lanzar bolas de caucho de 50 mm, con alcance superior a 200m” y con la ventaja de combinar “fuerte contundencia en el impacto, acusado dolor y hematomas” con la ausencia de “heridas ni consecuencias graves”. La amplitud del diámetro, además, estaba pensada para “imposibilitar la penetración en la cavidad ocular”. El mismo arma podía disparar también botes mixtos de carga “lacrimógena y fumígera”, y también tinta indeleble. A diferencia de las granadas lacrimógenas de mano, que en alguna ocasión los manifestantes habían devuelto a la policía, los nuevos botes de humo salían a una temperatura incandescente, dificultando su manipulación.  (Policía Armada, 2ª época, Año 1, nº6, julio de 1972).

Los gases lacrimógenos ganaron un lugar central en el arsenal policial. Se compraron defensas de gas para el uso individual de los policías y, además de la RUDO, se adoptó una bocacha VIPA para otros fusiles de la policía, que también permitían el lanzamiento de botes. Entre 1972 y 1975, según informa la revista Policía Armada, los gases lacrimógenos se hicieron omnipresentes en los ejercicios de entrenamiento y exhibición táctica policial. También se hicieron cada vez más normales en las intervenciones. La policía estaba preparada, cuando comenzó la transición, a usar con pericia el armamento no letal en situaciones de desorden público.

Volviendo al relato del visitante portugués en 1972, según él, tanto la policía de una democracia como Francia y de una dictadura como España usaban procedimientos tácticos similares. De hecho, le parecía que las CRG se inspiraban en la organización de una CRS (Compagnie Republicaine de Sécurité) francesa. La diferencia estaba, según decía, en que en España se intentaba disolver las manifestaciones “lo más pronto posible”, mientras que en Francia, donde se reconocían el derecho de huelga y manifestación, sólo había intervención policial si los manifestantes se tornaban violentos. Quizá en la combinación entre la proximidad táctica y la mera diferencia legislativa se esconde la facilidad con la que las CRGs se adaptaron a la democracia.

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3 responses to “Los humos de la modernidad (y II)”

  1. Julio Carbonell says :

    Muy interesante. Parece ser que en antidisturbios sí que eramos una potencia mundial.

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  1. A pelotazos « Botes de humo - 29 de noviembre de 2012
  2. Policía portuguesa | Botes de humo - 20 de marzo de 2013

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